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Conversaciones inventadas en la cama a las 2 de la madrugada

Ha caído el telón. Hemos apagado las luces, y solo quedamos tú y yo. Sin excusas, sin remilgos y sin distracciones. Apenas nos miramos, es a lo que llaman naturalidad, pero para mí lo natural es maravillarme por cada forma de tu cuerpo o por cada gesto, que se escapa imperceptible.

 

Hemos jugado las cartas que la suerte nos ha querido brindar, hemos mentido, fingido, engañado e incluso nuestras peores derrotas han sido cuando hemos creído.

 

Ahora colecciono instantáneas de lo que un día pareció la vida. Una sonrisa. Una caricia. Un secreto. Parecía suficiente, parecía que era más que parecer. Pero lo que parece al final es. Y aquí estoy perfilando una mirada ínfima, acompañada con una sonrisa tímida, que preferiría quedarse en casa echa un ovillo.

 

Todo sonaría mejor si le pusiéramos una melodía a nuestros problemas, pero siempre fui un tanto arrítmica, y no soy capaz de entonar nada que mejore la situación. Te dejo que hagas de base, como aquel grupo que tanto nos gustaba hacía con su bajo. Prometo estar preparada para el Do mayor. Pero no puedo prometer que lo de a tiempo o que este entonado, y a lo mejor en vez de un Do es cualquier otra nota gritada con la misma pasión.

 

Y ahora te toca prometer a ti. Prometeme que cambiaremos todos los adiós por hasta luegos, que dejan siempre un final abierto, en el que tal vez …